La vida misma camina cabizbaja en un día azul como el de hoy, en el que los recuerdos renacen como las furiosas cenizas de un fénix hambriento de siglos. El cielo gris y el frío, juntos accionan los gatillos de la memoria generando evocaciones frecuentes e involuntarias. El barullo del café de hoy será el mismo que dentro de una quincena, mientras que el de ayer...
Las vidas mismas enfrentan el desconocer con los ojos entreabiertos, entumecidos, manejados por el deseo de alcanzar, de hacer un quiebre; ahora frío ahora chocolate caliente.
Pero no es la vida quien camina sino almas infértiles, almas vacías, almas en serie, almas partidas. Destrozadas por la semejanza, por la igualdad. Sus recipientes varían en tamaño y forma, pero ellas saben que en vano huyen de su reflejo.
Busco entonces una mano completa que alce mi mentón y se haga ver ante mis ojos. No como un reflejo, sino como una luz reveladora, capaz de atravesar el manto gris del asfalto, de la indiferencia. Capaz de satisfacer mi hambriento estómago, que esta noche renace para extender su vuelo. Capaz de iluminar las precarios caminos nunca transitados por vidas que jamás tendré.
Lo anterior fue escrito un día idéntico a este en la esquina de Pellegrini y Viamonte. El clima es el mismo, quizás haga menos frío. Los laberintos intrínsecos de la mente son los mismos, quizás haya más caminos. Sigilosamente se reproducen mientras nuestro entorno sigue igual. Transitamos la rutina con tranquilidad sabiendo que nuestra mente nos presenta tres o cuatro alternativas, pero al paso de una semana, nos encontramos totalmente perdidos en algo que diseñamos desde sus cimientos.
Introspección, psicoanálisis, conductismo, humanismo. Miles de lunas invertidas en la investigación de algo tan abstracto como el pensamiento mismo. Aparentemente han habido avances, en lo personal no les creo. Justamente ahí está el error. Creer, ingenuamente, que podemos rescatar respuestas. Si, las epifanías son tan reales como el metro cuadrado dentro del que ocurren.
Pero, ¿remover el misterioso y fantástico velo de la mente humana? No alcanzaron mil soles, ¿por qué harían de hacerlo mil cafés?
Lo anterior fue escrito un día idéntico a este en la esquina de Pellegrini y Viamonte. El clima es el mismo, quizás haga menos frío. Los laberintos intrínsecos de la mente son los mismos, quizás haya más caminos. Sigilosamente se reproducen mientras nuestro entorno sigue igual. Transitamos la rutina con tranquilidad sabiendo que nuestra mente nos presenta tres o cuatro alternativas, pero al paso de una semana, nos encontramos totalmente perdidos en algo que diseñamos desde sus cimientos.
Introspección, psicoanálisis, conductismo, humanismo. Miles de lunas invertidas en la investigación de algo tan abstracto como el pensamiento mismo. Aparentemente han habido avances, en lo personal no les creo. Justamente ahí está el error. Creer, ingenuamente, que podemos rescatar respuestas. Si, las epifanías son tan reales como el metro cuadrado dentro del que ocurren.
Pero, ¿remover el misterioso y fantástico velo de la mente humana? No alcanzaron mil soles, ¿por qué harían de hacerlo mil cafés?
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