martes, 22 de mayo de 2012

Incesante

Escucho la lluvia, tu voz, y no puedo evitar querer combinarlas en una noche sin principio ni alba. El nuevo sol no quemaría la niebla del rocío porque reinaría la dureza del diluvio. Nos perderíamos en un bosque de agua, sin hojas ni verde, sin senderos ni frutos. Absorbiendo lejanos la hermosura del incesante goteo que retumba en el techo de chapa, del mismo modo en que tu silencio retumba en mi.
Respiro profundo y exhalo tu silueta en humo espeso y duradero para que me acompañe mientras camino bajo la llovizna yendo a quien sabe donde. Quizás salí bajo la lluvia para advertirte de aquella baldosa rota, que en más de una ocasión, me jugó la mala pasada de sobre mojar mi tobillo. Quizás salí a buscarte hoy justamente porque es difícil ver y fácil sentir. Salí a combatir la batalla de la lejanía bajo un manto de esperanzas. Rogando que cuando todo calme, la tierra sea solo una,
y nosotros,
raíces sobrevivientes.

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