No usaste mi cabeza como un revolver,
ni sacudiste mi suelo.
Sino que desmembraste mis teoremas del amor.
Teorías forjadas en base a años de experiencias,
vivencias,
cafés y desencuentros.
Te dejaste alcanzar
por un gorrión lastimado
que esta noche se fortalece
a la sombra de tus senos.
Tus piernas, indescifrables,
los infinitos enigmas de tus tobillos,
tus brazos finos,
tersos y femeninos como la misma esencia
de ser.
Oír tu voz,
tus risas al compás del tres por cuatro
y la persistente madrugada
que en vano lucha por alcanzarnos.
Esta vez su piel es mía,
-sueño decirle-
viviendo un alba compartido
entre vapores que emanan
de tazas frescas, marcadas
por el maquillaje de tu ayer.
Esta vez su piel es mía,
-recito solo-
evocando el recuerdo
de tu ayer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario