martes, 3 de abril de 2012

El cadáver exquisito beberá el vino nuevo


Conocí a mi padre a través del sonido. Lo oía cambiar la página del diario todas las mañanas, la cuchara revolviendo su café matutino, el andar de sus pantuflas a lo largo del piso de parquet. Por las tardes se olía el aroma acogedor de su pipa, escuchaba el chasquido del encendedor, sus labios envolviendo la boquilla, sus largas y pausadas caladas. Por las tardes se lo oía golpear unas teclas que según el eran blancas y negras, produciendo un sonido casi tan hermoso como lo que hasta el día de hoy creo que es ver. Ver los colores por lo que son, ver los sonidos, los sabores, diferenciar un plato frío de uno hirviente sin usar la lengua como carne de cañón. Ver con los ojos y no con las manos, acariciar con la mirada, presenciar gotas suicidas cayendo por los marcos del ventanal un día de tormenta y no sentirse perdido en la tempestad. Durante estos preciados interludios en los que mi padre me deleitaba con sus melodías, podía ver. 

El sonido, el café, el geométrico piso de parquet, la cálida pipa, los encendedores y los labios, los pianos y su maravilloso idioma. Tal vez, aquellas cosas bellas desde el centro hasta mis pies, puedan llevarnos hasta eso parecido a la sonrisa estática, lejos de una fotografía inerte, de besos secos, de lunes constantes, de almas perpetuas de adiós. Las felicidades son dedos finos rosando la piel amada, una simple palabra verídica, o los labios cerrados en alguna verdad escrita con los ojos; el contacto del sol con la piel, los libros, las causalidades, los enigmas y los bares de algún viernes, la lectura en la bañera y las risa histriónica, casi exasperante. Las felicidades son sólo conceptos que no pueden ser palpados en algún ideal frío, distante: El vacío baila en ellos por eso está siempre en algún miedo ajeno, en algún miedo mío. Y el miedo no corrompe, el miedo paraliza. Por eso opto ansiosamente por mis pupilas estériles con sus cactus de sal, sus ojos derramados en cada imagen que percibo, mis ojeras de amores y esas dudas dulces en su ternura inmóvil. Hoy subasto mis labios con besos impuros, sus zapatos cuadrados, mi cordura de loca. Y así, tal vez el vacío deba resignarse, y así, tal vez las cosas sean más interesantes.

Creación colectiva con Flavia Calise.
Todo un placer.

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