Estimado lector,
Si usted posee antiguas o actuales cartas de amor, siendo remitente o destinatario, descarte inmediatamente la idea de deshacerse de ellas. En caso de haber transcripto sus emociones empleando pluma, lapiz o simil como medio, entonces verá con el tiempo que dichas cartas (entregadas o no) son un magnífico autoretrato emocional de la persona que usted alguna vez fue. Leerá entonces descripciónes actualmente irracionales y exageradas, pero que en su momento fueron verdaderamente certeras. Quizás hasta sirvan incluso para transportarlo a aquel lugar y momento en el que este "autoretrato" fue compuesto.
Cumpliendo el rol de destinatario. No hay nada más bello, señores, que verse a través de los ojos de una persona que lo ama(ó). Una vez más, son proyecciónes fuera de contexto, pero que nos dan una perspectiva de la capacidad de generar amor que realmente tenemos. Una pintura antigua, embellecida por las turbulencias irracionales que causa, justamente, sentir amor puro y verdadero por otra persona. Nada de eso del amor por una buena pipa en invierno, o un mate cocido caliente con mucho azucar en un campamento a 1200km de casa, sino el amor confianzudo e ingenuo que puede generar la legítima y espontánea sonrisa de aquella persona.
Por este motivo le ruego,
fiel lector,
no queme, ni tire
sus cartas de amor.
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