El gusto a miel recorre hoy mi boca. Ajena a vos, esta vez sale de una botella. Entra en mi como dulce néctar, puro al tacto del hombre, inmaculado, eterno. 12 años lleva encerrado en una botella verde esmeralda, esperando un alma cálida que quite aquel precinto opresor. Arranque el sello de tu boca, deléitese con el sonido del vacío cediendo al acceso inminente del aire. Caes con la delicadeza del aire sobre dos rocas gélidas que se estremecen con tu paso, hacen un pequeño bailecito mientras se sumergen en tu esencia, salen a flote en busca de quien las bese con delicadeza. Me encuentro afortunado al ser estratega y a la vez ejecutor de tan simple y satisfactoria trama.
Solo un borracho empedernido escribiría algo así sobre una bebida tan deliciosa y fina como el whiskey. Solo un borracho empedernido, o Henry Charles Bukowski, que son básicamente lo mismo. Alguien que quiere creer en el amor, pero que no sabe cómo en un mundo lleno de miseria e injusticia. Alguien que dedica su vida al futuro, desperdiciando el presente, añorando el pasado. Alguien cuyo corazón no es uno, sino varios. Construidos con los escombros del anterior.
En este tipo de reflexiones siempre está presente el aliento aterciopelado de Paul Desmond. Aunque cueste creerlo esperé toda la semana para este momento. Sábado a la noche, soledad. El silencio únicamente interrumpido por acordes con séptimas y el tarareo armónico de Jim Hall mientras ejecuta su magistral y sentido solo.
Las grabaciones perfectas por su imperfección.
El pasado perfecto por pasado.
El presente efímero por volátil
Un futuro tan incierto como la próxima nota.
Simplemente, la belleza.
ResponderEliminarManuel:Osi.hermoso tema gracias.!Qué poema el tuyo!
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