domingo, 14 de octubre de 2012

Ezequiel, el gordo hipster

    Su nombre era Ezequiel, intentaba junto a su pareja ser hipster. A su compañero de vida le iba mejor, era delgado, con cara de sufrido y unos ojos que parecían conocer un océano de vanguardia artística  
    Ezequiel viajaba siempre en los asientos reservados para embarazadas y discapacitados en los colectivos; viajar con la plebe le resultaba demasiado tendencioso. A la altura de Wilde, la comodidad de sus pomposas nalgas se vieron comprometidas al presenciar el ascenso de una joven madre con una criatura en brazos que lloraba a mas no poder.
    El gordo Zeki, como lo dicen sus amigos conocedores de todo lo aún desconocido, empleo su primera y conocida táctica de ignoro: -La música me descoloca, me transporta- De esta forma no respondió al primer llamado de solidaridad, y siguió de esa forma, disfrutando su música tan especial y desconocida por el resto de nosotros los transeúntes  
    Pocas vueltas de manzana después avisté a una señorita con un crió de la mano, y otro inútero. Pidiendo desesperada un asiento para reposar su agotada ciática. El gordo Ezequiel nuevamente en acción, comenzó de manera repentina a mirar con inmensa concentración la pantalla de su celular. Haciendo de cuenta estar leyendo un importante comunicado, cuando todos bien sabemos que no hacia mas que mirar el reflejo de la perforación metálica que brotaba de su gorda y grasienta ceja.
    Más tarde una tercera madre subió a la flota y rápidamente ocupó mi asiento, ya que esta vez, vi necesario  ceder mi comodidad, y de paso observar desde lo lejos al hipster Ezequiel mientras narro su crónica  De a ratos me mira, no entiende del todo que estoy haciendo y por qué lo miro tanto. 

Mujeres y niños primeros, Ezequiel. 
Luego los hombres,
luego los hipsters.


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