lunes, 23 de abril de 2012

Curtido para ser Pizzero

Era uno de los primeros días otoñales de frío y sol. Salía de cursar locución, o comunicación social, o traductorado público en inglés o alguna de las tantas carreras que las universidades nos ofrecen. Me dirigía hacia mi tabaquería amiga cuando, antes de cruzar los adoquines, vislumbré una pizzería La Continental en la esquina. No pude evitar suspirar un -alta pizza- del mismo modo que cuando nos maravillamos ante la infinita belleza femenina, o mejor dicho, ante alguno de sus atributos.
Seguí caminando ya que no disponía de efectivo (ni de tiempo) para degustar una inmaculada porción de Muzzarela forjada por los inigualables herreros de la panadería. Sin embargo, en la ventana que da a la calle Defensa, observé un cartel cuyas inscripciones solicitaban nuevos empleados para el local. Me detuve frente al anuncio, realmente dejé de mover los pies y me vi plantado en el reflejo del ventanal, analizando mis posibilidades, midiéndome frente a la suculenta vidriera. Quizás porque esa misma mañana, atascado en la autopista, hacinado en un colectivo, imaginé dejar la ciudad y dedicarme a vender alguaciles en Neuquén, los suficientes como para subsistir.
Nuevamente me encontré paralizado frente al afiche, tramando mi futuro como Pizzero, mozo, lavaplatos, camisa blanca manga corta, gorrito rojo, impecable manejo de los instrumentos culinarios. Pero entonces miré hacia adentro para ver una vez más al verdadero paladín gastronómico, artesano del sabor, hechicero del trigo, acróbata del amasado, noble sirviente del estómago ajeno. 
Rápidamente comprendí, que no había nacido curtido para ser Pizzero. Un ligero suspiro escapó a mi sonrisa -otra vida que jamás conoceré- pensé, y continué caminando bajo el sol.

1 comentario:

  1. "otra vida que jamás conoceré"... que quizás no vivirás pero sin embargo rescatás lográs rescatar con esa observación fina. Tus crónicas son como un haz de luz que nos marcan esas cosas tan comunes y cotidianas que ya no vemos de esta ciudad a la que "no nos une el amor sino el espanto"

    ResponderEliminar