jueves, 15 de marzo de 2012

Oda al desayuno

Como transeúnte federal, pero aun más importante, como gordo disfrutador de los pequeños placeres de la vida pasé por muchos establecimientos en los que me di el lujo de un buen desayuno conmigo mismo. Pequeño y a la vez importante detalle el de desayunar solo fuera de casa, ya que al ir acompañado la experiencia se torna en una especie de tramite que uno realiza antes de, pero el desayuno es mucho más que eso. Es ese momento del día cuando en que el sol apenas quema donde nos reencontramos con nosotros mismos luego de haber pasado 8 o más horas inconscientes, reponiendonos de y preparándonos para.
Hablamos del desayuno fuera del hogar, donde es virtualmente imposible que el que te atiende entienda lo querés decir cuando pedís un café “a penas cortado”. Estoy bastante seguro que una vuelta por un café de Quilmes Oeste me dieron una taza doble con nescafé, sin embargo, el lugar era tan bizarro y las medialunas de manteca eran tan deliciosas que el café pasó a segundo plano. La decoración estaba compuesta por una mezcla de estilos que iban desde pinturas de caballos, paisajes y margaritas típicas de sala de espera de consultorio, hasta redes de pesca colgadas del techo, espejos, biombos, y muchas otras maravillas.
Entonces nos preguntamos, ¿Qué evalúa uno cuando sale a desayunar? Ubicación, precio, calidad, servicio e higiene. En la mayoría de las confiterías esperamos pacientes a que nos atiendan, a que nos traigan el pedido, a que llegue la cuenta, a pagar, a que nos traigan el vuelto. En cambio en BK somos lideres de nuestro deseo, protagonistas de nuestro festín, directores  de una sinfonía de sabores a punto de suceder.
Practicamos un par de veces qué vamos a pedir y cómo mientras seguimos la caravana hacia el mostrador. Pocos segundos despues nos alejamos con bandeja en mano en busca de un asiento digno de nuestra presencia y nos sentamos a disfrutar esta inigualable experiencia. No creo que haga falta hablar de la ubicación ya que estas cadenas de comida rápida suelen propagarse en forma de plaga por las metrópolis.
Con respecto a la relación precio/calidad (mi parte favorita), por la módica suma de $8 tenemos disponibles 2 medialunas de manteca o 2 facturitas de membrillo que honestamente son una rebelación de la panadería moderna. Claro que esto viene con un café chico y un vaso de soda helada opcional. Por $3 más, accedemos a una cajita de 200ml de jugo helado de naranja BC o Tropicana, la verdadera hermosura de todo esto. Recién ahora estamos listos para disfrutar una experiencia paradójicamente única en uno de los lugares de comida rápida más vulgares de Buenos Aires.
Es la combinación de los puntos positivos previamente mencionados y la gente que frecuenta estos boliches lo que me llena de asombro. Parejas de gordos casi tan redundantes como los 5 pisos de sus hamburguesas, abuelas malcriando a sus pequeñas nietas, ojerosos grupos de estudio, solteronas de mediana edad, guardias de seguridad de distintos comercios, parejas desmerecedoras de una comida intima y dedicada, seniles ancianos, cagadores empresariales (corporate d-bags), jóvenes embarazadas, extranjeros, etc. Una combinación sublime. Claro que para hacer este deleite aun más placentero se recomienda llevar un reproductor de música, cuaderno y birome, o algo para leer.
Los invito entonces a su BK más cercano a desayunar en completa soledad, buscandole hospitalidad a este lugar de baldosas de metro cuadrado que a primera vista parecera frío e impersonal. Recuerden ir con tiempo de sobra y no en esos 10 minutos antes de entrar al trabajo.

1 comentario:

  1. No sé si será porque ya hace dos meses que estoy bajo una estricta dieta hipocalórica, pero tanto campo semántico de placeres gastronómicos me despertó las ganas de pedirme un desayuno como ése!

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