Todos queremos actualizar nuestros estados desde el subte, sacarnos fotos cuando gastamos $37 en Starbucks, quejarnos de las huellas digitales que quedan impresas en nuestras pantallas táctiles última generación, en fin, queremos ser usuarios Full Touch.
Quizás dispongamos del capital, siempre teniendo en mente la palabra presupuesto (de otra forma estaría tipeando desde una netbook tirado en las islas Caimán). Pero hay muchos otros factores que eluden nuestro poder de decisión a la hora de invertir en uno de estos aparatillos que serán motivo de insultos cada vez que recibamos un mensaje de texto 14 horas después de su envío original o seamos una víctima más de la comuni-c-ón int-r-cr-ada.
Capital:
Si bien parece atractiva la idea de adquirir un celular de $2500 cuando tenemos $3000 ahorrados, la euforia multitouch mezclada con las ganas de prender el GPS en un colectivo, nos hacen olvidar que en simples palabras, nos quedaríamos en pelotas. ¿Un dato obvio? Me lo dirá usted más adelante.
Medios de transporte:
Digamos que tomamos un respiro bien profundo, nos acercamos a la tienda de celulares más cercana y compramos un Smartphone último modelo, una joyita, la envidia de los celulares. A la salida atravesamos las puertas de cierre automático llenos de júbilo y ansiedad, caminamos hasta la parada del 257 y empezamos a observar nuestro alrededor. De repente los fenómenos del tercermundismo se ven más reales que nunca. Vemos al caballo del carrito cartonero como lo que realmente es, un caballo exhausto, esclavo del trabajo honesto y en la mayoría de los casos, herramienta de escape del punguista montado. El celular que en su descripción pesaba 113 gramos empieza entonces a pesarnos cada vez.
Necesidades básicas:
Después de ver un catalogo de Smartphones, todos necesitamos Wi Fi, 3G, GPS, fotos en alta definición, lista de contactos atractivas, reproductor de MP3, tostadora portátil, Messenger, Apps, etcétera. Son tantas las ventajas que ofrecen estos dispositivos que nos hacen olvidar de nuestras necesidades reales; poder llamar, atender, mandar mensajes de texto, programar una alarma, etc. El resto son la razón por la cual al ir a cenar a un restauran vemos la siguiente formación frente a los comensales: cuchara, cuchillo, plato, tenedor, Black Berry.
La angustia:
La angustia se presenta justamente al querer gastar en un chiche nuevo, pero a la vez, caer constantemente en la realidad de que: lo barato es malo, lo medio pelo es medio pelo y lo caro es muy probable que nos lo saquen pacíficamente de las manos atendiendo una llamada en la vía pública.
Así es como llego a la conclusión que no hay aun, celulares para el transeúnte urbano. Con esto quiero decir que para comprar un celular nuevo, prefiero quedarme con esta maravilla que tiene más de 4 años de antigüedad, y si bien ocasionalmente me hace renegar, sigue siendo mejor que la gran mayoría de celulares de baja gama.
Bue...algo intermedio se puede comprar igual. Invertir 500pesos en un modesto aparatito, en vez de elegir entre el de 2000pe o nuestro primer Kyocera del año 2005, es coherente.
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