El gordo Sánchez le roba la comida a mi perro cuando no lo estoy mirando; cuando cree que no lo estoy mirando. Pero de vez en cuando desayuno frente a la ventana que da al jardín y observo el movimiento aéreo y terrestre que ésta ofrece. Las maravillas que he contemplado son aquellas cuya rareza parte de la conexión de dos acontecimientos aislados.
El gordo Sánchez es un pechito anaranjado, portador de antifaz, amante del anonimato y del alimento balanceado. Un trota-hogares alado, crítico de la precaria gastronomía canina, viajante frecuente de estos pagos.
El area de alimentación canina se encuentra a un metro y medio de la ventana, sobre baldosas de cemento y a aproximadamente dos metros del jardín en sí. El gordo Sánchez entonces, aterriza cerca del nogal, a cinco metros del "patio". Desde allí, fuera de todo peligro humano, observa paciente, a veces desde la planicie, otras veces desde lo alto del nogal.
Lo primero que identifica es el plato de la bestia, lo analiza desde la lejanía: ¿Está lleno? ¿Será alimento de buena calidad? ¿Valdrá la pena? Luego se lo ve, un poco más impaciente tratando de establecer contacto visual con su principal amenaza, el can, Crash Cornelio del Monte, veterano tirador de trineo de la zona ártica de Sri Lanka, quien lleva solamente en su estómago más plumas que el gordo Sánchez en el cuerpo entero. Una vez identificado el predador, luego de evaluar el peligro, el gordo Sánchez desciende al jardín con uno o dos aleteos y se acerca al patio de a saltitos. Cada dos o tres saltos el sujeto frena y mueve la cabeza frenéticamente en busca de peligro. Su cuerpo se paraliza por completo, excepto por su cabeza que parece poseída por el pánico a ser deglutido.
Saltito a saltito se acerca al plato de Crash, clava las garras sobre la parte posterior del borde y una vez más se inmoviliza. Me mira, quietisimo, más pintado que nunca me mira tomar café, esperando que muerda un trozo de tostada para poder llevar a cabo su misión.
Lo primero que identifica es el plato de la bestia, lo analiza desde la lejanía: ¿Está lleno? ¿Será alimento de buena calidad? ¿Valdrá la pena? Luego se lo ve, un poco más impaciente tratando de establecer contacto visual con su principal amenaza, el can, Crash Cornelio del Monte, veterano tirador de trineo de la zona ártica de Sri Lanka, quien lleva solamente en su estómago más plumas que el gordo Sánchez en el cuerpo entero. Una vez identificado el predador, luego de evaluar el peligro, el gordo Sánchez desciende al jardín con uno o dos aleteos y se acerca al patio de a saltitos. Cada dos o tres saltos el sujeto frena y mueve la cabeza frenéticamente en busca de peligro. Su cuerpo se paraliza por completo, excepto por su cabeza que parece poseída por el pánico a ser deglutido.
Saltito a saltito se acerca al plato de Crash, clava las garras sobre la parte posterior del borde y una vez más se inmoviliza. Me mira, quietisimo, más pintado que nunca me mira tomar café, esperando que muerda un trozo de tostada para poder llevar a cabo su misión.
Me encantó, loco.
ResponderEliminar"El gordo Sánchez es un pechito anaranjado, portador de antifaz, amante del anonimato y del alimento balanceado." Morí de amor.
ResponderEliminarJa, ja...buenísimo. Es una crónica microscópica de la vida. Tu narración trabaja con teleobjetivo.
ResponderEliminarmaravillosa
ResponderEliminarM.enseguida te husmè m,bien!!!
ResponderEliminarexcelente crònica!!!
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