Hace unos días leí un artículo en la edición virtual de la revista Wired en la que se preguntaban qué edad es la apropiada para introducir a un niño, a un hijo, mejor dicho, al mundo de los video juegos. En resumen, exponen que la edad promedio en la que los niños de Estados Unidos hacen primer contacto con estas realidades virtuales es a los 6 años y medio, y la edad óptima, la edad en la que un niño podría realmente desarrollar destreza y nuevas habilidades, es apartir de los 7 (o al menos así lo dicen en Wired).
Lo que más me llamó la atención, es que presentan casos de familias que se esmeran por retardar la integración de sus hijos al mundo virtual. A simple vista puede parecer una solución, pero, dejando de lado el hecho de que el pibe va a aprovechar cada oportunidad para jugar en lo de los amigos, sumado a la cantidad de juegos nuevos de alta gama para dispositivos moviles, ya se empieza a vislumbrar la ridiculez de esta solución.
Hablando por experiencia propia, la primera consola que me regalaron mis queridos viejos fue el, aquí conocido como Family Game. Recuerdo las horas que pasé sentado en el living de casa dando vuelta una y otra vez aquellos añorados juegos. Luego vino el Sega Genesis, y por último la Play Station.
Todas mis consolas dejaron de funcionar, no por golpes ni maltrato, sino por uso extendido. Más adelante me involucré muchísimo con los MMORPGs, compartí muchas horas en compañía de asiáticos de Singapur.
Lo importante de todo esto, por así decirlo, es que hoy en día (con 21 años) no puedo jugar a nada más de 10 minutos sin aburrirme. Por un lado es una lástima, veo los juegos nuevos de altísima gama y pienso "que bueno sería no aburrirme", pero en el fondo, todas las consolas, juegos, tecnologías nuevas en general, no son más que maneras de innovar las necesidades creadas que sufrimos.
Quizás la mejor solución, en burdas palabras, es dejar que el nene se queme las pestañas contra los nuevos plasmas de 50", de manera tal, que a medida que crezca y madure, comience a valorar las simplezas y extrañezas de esta vida, que por algún dudoso motivo, llamamos real.
Lo que más me llamó la atención, es que presentan casos de familias que se esmeran por retardar la integración de sus hijos al mundo virtual. A simple vista puede parecer una solución, pero, dejando de lado el hecho de que el pibe va a aprovechar cada oportunidad para jugar en lo de los amigos, sumado a la cantidad de juegos nuevos de alta gama para dispositivos moviles, ya se empieza a vislumbrar la ridiculez de esta solución.
Hablando por experiencia propia, la primera consola que me regalaron mis queridos viejos fue el, aquí conocido como Family Game. Recuerdo las horas que pasé sentado en el living de casa dando vuelta una y otra vez aquellos añorados juegos. Luego vino el Sega Genesis, y por último la Play Station.
Todas mis consolas dejaron de funcionar, no por golpes ni maltrato, sino por uso extendido. Más adelante me involucré muchísimo con los MMORPGs, compartí muchas horas en compañía de asiáticos de Singapur.
Lo importante de todo esto, por así decirlo, es que hoy en día (con 21 años) no puedo jugar a nada más de 10 minutos sin aburrirme. Por un lado es una lástima, veo los juegos nuevos de altísima gama y pienso "que bueno sería no aburrirme", pero en el fondo, todas las consolas, juegos, tecnologías nuevas en general, no son más que maneras de innovar las necesidades creadas que sufrimos.
Quizás la mejor solución, en burdas palabras, es dejar que el nene se queme las pestañas contra los nuevos plasmas de 50", de manera tal, que a medida que crezca y madure, comience a valorar las simplezas y extrañezas de esta vida, que por algún dudoso motivo, llamamos real.
buenísimo, entonces dejar que los chicos hagan su experiencia funcionó!!!
ResponderEliminarMirá vos, me terminé colgando con tu blog, loco.
ResponderEliminar(Odio que tire un captcha por cada comentario. Chotos.)
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