Casi en forma de ritual post-ensayo de sábado nos dirigimos hacia el Korner más cercano, (Brown y Alsina) con la ilusa esperanza de poder, aun, fumar dentro del recinto. Nos sentamos en la mesa más cercana a la puerta, del lado de afuera, del lado de la gente, del frío gélido, de las corridas y los tropiezos.
Ella, calentita dentro del café; nosotros, temblequeando a la intemperie, con los pulmones cálidos de alquitrán. Cruzamos miradas, sus ojos siguieron de largo, prolongando inconscientemente (espero) ese glorioso momento donde uno no tiene qué hacer. Al rato salió, sin bajar del escalón se dirigió hacia nosotros, ordenamos americanos con crema, lo de siempre. Logró alejarse aun más, para volver luego con nuestro pedido. Se negó a cobrarnos en el momento. Más tarde ingresé para abonar nuestros cafés, que fueron cobrados luego de un fugaz debate sobre su costo.
Ella, calentita dentro del café; nosotros, temblequeando a la intemperie, con los pulmones cálidos de alquitrán. Cruzamos miradas, sus ojos siguieron de largo, prolongando inconscientemente (espero) ese glorioso momento donde uno no tiene qué hacer. Al rato salió, sin bajar del escalón se dirigió hacia nosotros, ordenamos americanos con crema, lo de siempre. Logró alejarse aun más, para volver luego con nuestro pedido. Se negó a cobrarnos en el momento. Más tarde ingresé para abonar nuestros cafés, que fueron cobrados luego de un fugaz debate sobre su costo.
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