Era el último día del año y me estaba preparando para pasar la noche en la ciudad donde nací, La Plata. Me estaba duchando tranquilamente, haciendo balances sobre el año que pronto dejaría detrás de mi y resoluciones inconcebibles que me acompañarían en este nuevo año. A todo esto había un pedazo de jabón viejo y celeste que obstruía el drenaje de la ducha, de manera que a medida que caía el agua, el nivel de la misma sobre mis pies crecía.
Fue entonces cuando vi una pequeña ramita flotando entre mi inmundicia. Al principio creí que era pelusa o algún pedazo de algo externo a mi que se había desprendido de mi cabeza, ya que los fines de semana largos suelo acumular suciedad. Me agaché para obtener una mejor perspectiva sobre aquello que flotaba alrededor de mis pies. Entonces comprobé que no era nada más y nada menos que la patita de una cucaracha.
Inmediatamente creí que el resto del cuerpo estaría encima mío. Sin embargo, no logré hallar más rastro del insecto que aquella solitaria y persistente patita flaca y pinchuda. Rápidamente comprendí que Franz, o Josef, o simplemente K. desde el mundo de los vivos muertos, estaba despidiendo un año más junto a mi, bajo la intimidad de una lluvia tibia y purificadora.

Qué buena la entrada y qué bien te quedó el diseño del blog!
ResponderEliminar¿No sería Gregor, che? ¿Quién fue tu profe de Literatura?
ResponderEliminarTal vez era la cucaracha que ya no puede caminar porque le faltan, porque no tiene las dos patitas de atrás... La pregunta es dónde quedó la otra pata si sólo había una en tu bañera...
Buenísimo, Manú!!
impensable!
EliminarEl mismísimo Gregor Samsa, cómo no se me ocurrió?? Igualmente, querida Laura, te comento para tu tranquilidad que "La Metamorfosis" la leí solo, años despues de haber terminado tus maravillosas clases. No llegamos a ver Kafka con vos creo... Tanto Shakespeare y el otro salame de la vida es sueño... (Sin ánimos de ofender, pero los odié). Un abrazo grande, y gracias!
Eliminar