Hay algo sobre el frío que despierta el deseo de encender un cigarrillo o atender una buena, cálida pipa. Hay algo del aire cortante que nos inclina la cabeza hacia abajo, como queriendo salvar nuestra garganta. Hay algo tan obvio del sol que lo hace absolutamente hermoso al tacto. Los pies sufren, si, las orejas y nariz también, quizás, a menos que viajen enterradas en el pecho de un gorrión. Hay algo del humo atravesando el frío que lo torna incluso más cautivador al ojo. Hay algo del frío que nos hace revalorar el calor cuando entramos a una cafetería, o pizzería. o por qué no ambas, colmadas de alientos y veloces palabras sobre los pies de algún deportista europeo.
Hay algo contradictorio del frío que obliga al alma a combatirlo, produciendo entonces el inmenso placer estando debajo de una frazada pesada, o sintiendo el roce de tus acaloradas mejillas. Un par de manos congeladas no se dan calor entre si, pero se entienden, conversan, olvidando entonces a este simpático protagonista otoñal.
Lo que te esperé, lo que me alegra que estés acá.
Tomate tu tiempo esta vez antes de partir hacia otro hemisferio.
Muy bueno,che!!!acabo de leer lo que creo acabás de publicar.dia 26.Besitos de tu abue.
ResponderEliminarEsto es hermoso.. odio el invierno pero me hiciste amarlo por un ratito.. tenes mucha razón en lo que decís. (Le agregaría un guiso de lentejas y mucho chocolate)
ResponderEliminarsi te interesa te invito a mi blog de cine! un beso!
http://helloevey.blogspot.com.ar/