A todos nos llegaste de forma distinta. Algunos te heredaron, otros te escucharon a través de un medio de comunicación masiva, el famoso boca en boca, un artículo en algún diario de los 70s. Estando simplemente en el aire, después de todo, sos amo entre los amos.
En mi caso apareciste hace poco más de dos años. Apenas comenzaba a vivir, cuando un día visité a un amigo y no pude evitar oír tu voz vibrando en el aire, cantando algo sobre unos puentes amarillos. Así conocí Pescado Rabioso, lleno de alma y corazón. Más tarde ese mismo año realice un viaje hacia el noroeste argentino con el fin de encontrarme conmigo mismo. Hasta el día de hoy no se realmente cuanto avance con respecto al descubrimiento de mi persona.
Sin embargo, atravesando los polvorientos suelos de la quebrada realicé un inmenso hallazgo. Fue en un pequeño pueblo escondido entre las montañas de la provincia de Salta cuando escuché por primera vez un nombre que cambiaría mi concepción respecto de tu música. Al llegar a Iruya conocí unos cordobeses que dedicaban el sol y la luna y reproducir canciones y beber vino tinto. Fue entonces que escuché la delgada voz de Boris recitando -Temprano el durazno del árbol cayó, su piel era rosa dorada del sol. Mi curiosidad no pudo evitar indagar sobre aquel primer verso, y de un momento para el otro, te habías hecho otro lugarcito en mi cabeza. Invisible, un trío tan necesariamente compacto, prolijo y desgarrador; absolutamente perfecto.
En el verano del 2011 partí hacia Mendoza con el Capitán Beto encabezando la tripulación. Tus canciones supieron tenderse a nuestros lados, disfrutando la necesaria sombra de los fresnos. Cada vez que la nave se ponía en marcha, oíamos primero el motor, seguido por tus potentes palabras -Ahí va el Capitán Beto, por el espacio... Una vez comenzado el ritual, y únicamente de esa manera, emprendíamos viaje hacia algún río, lago, o simplemente recorríamos las rutas mendocinas disfrutando tu dulce compañía. Nos recuerdo como si hubiera sido ayer, impostando tu voz, El vino entibia sueños al jadear. Desde su boca de verdeado dulzor. Y entre los libros de la buena memoria. Se queda oyendo como un ciego frente al maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaar.
Volví a la ciudad, al barullo, al sol constante, al suelo ardiente. Aun no entiendo cómo, pero de un momento para el otro me vi atravesado por un corazón cargado de Almendra y Spinetta Jade, un verdadero alma de Diamante. Una vez más, querido Flaco, habías ganado terreno no solo en mi cabeza, sino que esta vez, también en mi corazón. Figúrate, que pierdes la cabeza. Sales a la calle, sin embargo el mundo sigue bajo el sol, todo bajo el sol, debajo del sol. Me vi perdido ante la dulzura de tu voz y de la flauta de aquel hermoso tema que hasta el día de hoy no pude dejar de silbar.
Cielo o piel
silencio o verdad
sos alma de diamante
Sín brújula y sin radio,
jamás podrás volver a la Tierra.
Nuestras lágrimas cuidan hoy de tus malvones.
Adiós Capitán,

Perfecta despedida, bella y sentida.
ResponderEliminarMuy lindo Manu, me emocionó.
ResponderEliminar}bien, Manu! Y voy por el enésimo lagrimeo. No me resigno...
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